Para que la memoria no quede sin memoria

La semana pasada, la Mesa del Parlamento de Canarias recibió a las asociaciones de la memoria histórica de las Islas. Las representantes de las asociaciones de Tenerife, Mercedes Pérez Schwartz, La Palma, Aralda Rodríguez Hernández, y Arucas, con María del Pino Sosa Sosa y Balbina Sosa Cabrera como portavoces, acudieron a la Cámara regional para solicitar una reunión con los grupos parlamentarios e impulsar la creación de una ley autonómica de la memoria histórica. Estas mujeres han luchado toda su vida por agitar las conciencias de la ciudadanía, por reparar y por intentar hallar a tantas personas que desaparecieron en Canarias, llevando a cabo un trabajo ímprobo de recopilación de testimonios orales de muchos familiares de personas desaparecidas. Tanto el Parlamento como yo personalmente les hemos reconocido el trabajo hecho. Esa agitación de conciencias no tiene precio”.

Durante nuestra reunión en el Parlamento, nos volvimos a estremecer con el relato de su búsqueda, de su lucha.

Durante nuestra reunión, nos volvimos a estremecer con el relato de su búsqueda, de su lucha. Mercedes nos insistió en que Canarias debe contar, como otras comunidades autónomas, con “una ley de memoria histórica centrada en la búsqueda, la exhumación, la identificación y la entrega a sus familiares de los desaparecidos” durante el golpe de Estado de 1936, la guerra civil y el franquismo. Ella también cifró en alrededor de 3.600 las personas desaparecidas en las Islas y nos explicó que la contabilización de las víctimas es “muy complicada” en las islas por haberse producido las desapariciones en pozos, como es el caso de Gran Canaria; en enterramientos en montes, como en La Palma; conos volcánicos, en Tenerife, pero sobre todo en el océano. “Como ella dijo, el gran cementerio de nuestros desaparecidos es el mar”.

Aralda nos avisó del envejecimiento de las personas que conocen la ubicación de los enterramientos, muchas de los cuales ya han fallecido. Apesadumbrada, nos puso como ejemplo que sus propios nietos, incluso sus hijos, ya no saben dónde se encuentran sus familiares. Desde Arucas, María del Pino nos instó a luchar para que esto salga adelante. «El dolor ya casi lo tenemos asumido y ahora lo que nos queda es la alegría cada vez que se da un paso más”», nos dijo.

“Se ha hecho mucho, pero la tarea aún no ha concluido. Seguiremos trabajando para que la memoria no quede sin memoria. Ese es el objetivo fundamental.”